La densitometría ósea es una prueba no invasiva que mide la densidad mineral ósea (DMO) de una persona. La DMO es una medida de la cantidad de minerales, como el calcio, que se encuentran en los huesos. Cuanto mayor sea la DMO, más densos serán los huesos y, por lo tanto, menos propensos a fracturarse. La densitometría ósea es una herramienta importante para la evaluación del riesgo de fracturas y para el diagnóstico de la osteoporosis y otras enfermedades óseas.
La densitometría ósea se utiliza comúnmente para medir la DMO de la columna vertebral, la cadera y el antebrazo. Estas áreas son particularmente propensas a fracturarse debido a la osteoporosis y otras enfermedades óseas. Durante la prueba, el paciente se acuesta sobre una mesa mientras una máquina especial, llamada densitómetro, mide la cantidad de radiación absorbida por los huesos.
La densitometría ósea se utiliza para diagnosticar la osteoporosis y otras enfermedades óseas, así como para evaluar el riesgo de fracturas. Las personas que tienen una DMO baja tienen un mayor riesgo de fracturas y, por lo tanto, pueden necesitar tratamiento para mejorar la densidad ósea y reducir el riesgo de fracturas. La densitometría ósea también puede ser útil para evaluar la eficacia del tratamiento para la osteoporosis y otras enfermedades óseas.
Además de la densitometría ósea, existen otras pruebas para evaluar la salud ósea, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). Sin embargo, la densitometría ósea es la prueba más comúnmente utilizada debido a su accesibilidad, bajo costo y baja exposición a la radiación.
La densitometría ósea se recomienda para mujeres postmenopáusicas y para hombres y mujeres mayores de 65 años. También se recomienda para personas con ciertos factores de riesgo de enfermedades óseas, como antecedentes familiares de fracturas, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, uso prolongado de corticosteroides y bajo peso corporal.
En resumen, la densitometría ósea es una prueba no invasiva que mide la densidad mineral ósea y se utiliza para evaluar el riesgo de fracturas y diagnosticar la osteoporosis y otras enfermedades óseas. La prueba es accesible, de bajo costo y de baja exposición a la radiación, lo que la convierte en la herramienta preferida para la evaluación de la salud ósea. Se recomienda para personas con ciertos factores de riesgo de enfermedades óseas y para personas mayores de 65 años.